Grand Serpent Rising - Lp May 2026

Review - FW 129 - 2026

Lp - Grand Serpent Rising

By Dimmu Borgir May 22 2026

Country - Norway       Note : 8.00


La Gran Serpiente Cambia De Piel 

(O NO?)

Hablar de Dimmu Borgir es hablar de una banda que terminó trascendiendo al propio black metal. No porque haya abandonado por completo el género, sino porque logró algo que para muchos parecía imposible: convertir una música nacida del rechazo, la marginalidad y el hermetismo en un fenómeno cultural global, sin desprenderse del todo de su oscuridad original.

A mediados de los noventa, el black metal todavía era visto como un territorio casi clandestino. La segunda ola noruega arrastraba el peso de los incendios de iglesias, la violencia, una producción deliberadamente sucia y una filosofía profundamente antiindustrial. En ese contexto, Dimmu Borgir apareció como una anomalía. Mientras gran parte de la escena defendía la crudeza como símbolo de autenticidad, la banda comenzó a construir algo distinto: un black metal teatral, cinematográfico y grandilocuente.

El impacto cultural de esa decisión fue enorme.

No fueron los primeros en incorporar teclados o arreglos sinfónicos, pero sí fueron quienes entendieron que el metal extremo podía dialogar con una lógica de espectáculo total. Las portadas barrocas, los videoclips cuidadosamente producidos, la estética casi operística y el desarrollo de shows cada vez más monumentales hicieron que Dimmu Borgir dejara de ser solamente una banda extrema para transformarse en una experiencia audiovisual.

Ahí nace una de las grandes contradicciones de su carrera: para muchos puristas representó la comercialización del black metal; para otros, fue la puerta de entrada a una música que, de otro modo, jamás habría llegado a públicos masivos.

Y quizás ambos tengan razón.

Con discos como Enthrone Darkness Triumphant y, más adelante, Puritanical Euphoric Misanthropia o Death Cult Armageddon, la banda consiguió algo que pocas agrupaciones extremas lograron en esa época: instalar una identidad reconocible incluso fuera del circuito metalero. Dimmu Borgir entendió antes que muchos que el metal extremo podía convivir con videoclips internacionales, festivales gigantes y producciones de escala casi cinematográfica sin perder por completo su agresividad.

Eso también modificó el debate interno del género. A partir de Dimmu Borgir, el black metal empezó a discutir con más fuerza temas como la profesionalización, el espectáculo, la producción de alto nivel y la tensión entre underground y masividad. La banda quedó atrapada en el centro de esa disputa cultural. Cada nuevo disco parecía reabrir la misma pregunta: ¿hasta qué punto una música nacida para rechazar el mercado puede sobrevivir cuando entra definitivamente en él?

Lo interesante es que el tiempo terminó jugando a su favor. Muchas de las cosas que en los noventa eran vistas como una herejía hoy son completamente normales dentro del metal extremo. La incorporación de orquestaciones, las producciones enormes, la construcción visual de una banda y el uso de elementos teatrales ya forman parte del lenguaje habitual del género. En cierta manera, Dimmu Borgir ayudó a redefinir qué podía ser el black metal en el siglo XXI.

Su influencia incluso escapó al metal. Parte de la estética dark fantasy moderna, ciertos imaginarios góticos de los 2000, algunos videojuegos y hasta formas contemporáneas de concebir el espectáculo extremo tomaron elementos de esa construcción visual que Dimmu ayudó a popularizar. Ya no era solamente una banda: era una representación exagerada, elegante y monstruosa de lo oscuro convertida en cultura pop extrema.

Por eso el lanzamiento de Grand Serpent Rising resulta particularmente interesante. El disco aparece en un momento en que aquella vieja discusión parece agotada. Hoy nadie se sorprende por una banda extrema tocando con una orquesta o levantando una producción gigantesca. El mundo terminó alcanzando muchas de las ideas que Dimmu Borgir impulsó hace décadas.

Y justamente por eso el nuevo trabajo tiene un aire extraño, casi retrospectivo. No intenta competir con la modernidad, sino dialogar con su propia historia. La producción se siente menos saturada que en Eonian y más enfocada en la atmósfera y el riff. Hay una búsqueda por recuperar cierta oscuridad fría y ritualista sin abandonar del todo el costado épico que la banda convirtió en marca registrada. Shagrath vuelve a sonar más agresivo y menos teatral, mientras las composiciones parecen priorizar la tensión y la dinámica antes que la simple acumulación de capas orquestales.

El disco no representa una vuelta completa al black metal primitivo ni tampoco una repetición automática de la etapa sinfónica más grandiosa. Más bien funciona como una síntesis tardía de todo lo que Dimmu Borgir fue construyendo durante años: una banda que aprendió a moverse entre lo extremo y lo monumental, entre el underground y la masividad, entre el ritual oscuro y el espectáculo.


AxeL CaO FavoT                                                                       

28 - 05 -  2026       

 

 

 


 

Editor

Drakardark

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